COLUMNAS

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Fernando Londoño

Atentan contra el ex ministro Fernando Londoño Hoyos, el hombre de la derecha más dura y pura que parió el uribismo. Esa derecha dinástica que ha gobernado siempre con mano de hierro y en cuyos pechos ensangrentados maman los sucesivos mandatarios. Una derecha reiterativamente violenta y esquizofrénica que busca la exclusión y el incendio. Una derecha que tiene en Fernando Londoño al más verboso y cínico de sus ideólogos.

Porque Fernando Londoño, además de cínico, es tramposo, difamador, cipayo, mezquino, racista, lambón, venal, mentiroso, le gusta el incendio y enlodar el buen nombre de las personas para desprestigiarlas  y así descalificar sus ideas. Fernando Londoño es el hijo autista de una burguesía en decadencia que no logró (y probablemente no quiso) sacar al país hacia la modernidad.

No suelo estar de acuerdo con sus columnas de prensa. Con su posición ideológica en la que asume el universo en bloque (“los que no están conmigo están contra mi”) y es justamente eso lo que impide el progreso social y político de los pueblos. Es un Torquemada de los tiempos modernos.

No me gusta tampoco como escribe: largas parrafadas en que la voz naufraga en una retórica venal. No tiene conciencia musical de las palabras y sus columnas parecen catilinarias de cuartel.

Fernando Londoño es un tipo despreciable, sin embargo, nada de eso justifica el atentado de que fue víctima. A Fernando Londoño hay que combatirlo en el plano de la inteligencia. A sus argumentos hay que oponerle otros argumentos. A sus ideas de derecha hay que enfrentarlas con ideas progresistas. No se pueden callar las opiniones discrepantes a punta de tiros o bombazos. Las ideas se combaten con ideas. Y Fernando Londoño tiene derecho a expresar sus pensamientos y también tiene derecho a escuchar refutaciones.

Por una vez en la vida (y en lo que se refiere a la dignidad humana) abrazo a Fernando Londoño y espero que tenga una vida larga para decirle desde aquí que me parece un tipo mezquino y que lo que escribe me produce asco.

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The Wall

“En conjunto, eres solo otro ladrillo en el muro”
Pink Floyd

Crear muros. Destruirlos. Dinamitarlos. Crearlos otra vez. Extenderlos. Reforzarlos. Muros de concreto. Muros invisibles: el muro de la moral, de la ciencia, la religión, la filosofía, el lenguaje, las emociones. Desde la muralla China, hasta el muro de Berlín, o el de Cisjordania y hasta el de  Tijuana, pasando por el Muro de las lamentaciones o el muro de Adriano (que protegía  a la isla de Britania (al norte de Inglaterra) de los guerreros de Pictos (hoy escoceses), el hombre no ha hecho otra cosa distinta a crear muros. Todo lo que hemos construido para darle sentido a lo que somos y de lo que nos pasa, son muros.


Muros que nos protegen o nos aíslan. Muros que nos encierran: la ideología, por ejemplo. O la Fe. Muros que nos impiden ver el otro lado de las cosas. Muros que se repliegan sobre nosotros: entonces son cárceles, guetos. Una sombra dura en la oscuridad. Una mortaja de asfalto. Un largo muslo cerrado de piedra tosca. Y se nos olvida que fuimos nosotros los que construimos esos muros. El muro del prejuicio: la xenofobia, la homofobia, el racismo. El muro de la ignorancia, la imbecilidad. Ese muro construido con los  ladrillos del orden y del narcisismo produce los estados totalitarios. Y mi opinión es que hay que derrumbarlos. Todos los muros: echarlos abajo. A patadas, con las uñas, con los dientes, a puñetazo limpio, hasta que se quiebren los huesos de los dedos. Golpearlos hasta volverlos escombros. Derribarlos, claro. Pero no para construir otros, sino para que no hayan más muros. Pero es imposible, los adoradores de los muros son poderosos. Entonces vamos a orinar en los muros. Hombres y mujeres orinemos sobre los muros. Vamos a escupirlos. A vomitarlos. A lanzarle un escupitajo maloliente, putrefacto, podrido, hediondo a vodka con ajo, que hieda a pescado con gasolina, a vómito de noche de viernes con dinamita y aerosol. Que tengan el agrio olor dulzón de orines rancios. Hombres y mujeres libres de América orinemos sobre los muros. Y si llega la policía, si llega la autoridad, sepan que ellos son apenas un ladrillo en el muro. Una piedra en el zapato, ¿una piedra en el zapato? No. En conjunto, solo otro ladrillo en el muro. Todas las autoridades: políticas, económicas, eclesiásticas, son ladrillos de un largo muro que hoy comenzamos a orinar. Pero no de cualquier manera, sino como debe uno orinar un muro: entre todos, con un solo chorro largo, firme, sostenido, que penetre y rompa el muro: que le haga un hueco. Una sola orinada colectiva, perfecta y agresiva. Porque el mundo que heredamos, la porción de tierra en la que nos tocó nacer es un muro ancho y duro que no merece de nosotros nada distinto a una orinada generacional, de modo que nuestros hijos pasen por el muro y vean la mancha amarilla como una herida abierta sobre la piel de concreto de las autoridades y sepan que por allí hay que comenzar de nuevo. ¿Comenzar a qué? A orinar, por supuesto.

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Señor Jácome

Hace unas semanas dije que iba a escribir un artículo sobre Leonardo Jácome, el presidente del Consejo Superior Estudiantil (CSE) de la Universidad Francisco de Paula Santander (UFPS). Y la verdad es que me da pereza. No creo que Jácome merezca una columna. No ha hecho en su vida universitaria nada relevante salvo convertir su cargo en un bloque de resistencia, en una pequeña élite sin ningún grado de conciencia histórica de cambio social. Jácome representa la continuidad de la peor tradición política del departamento: aquélla que busca la conquista del poder a través de la trampa, del engaño, del tráfico de influencias para beneficio personal y de sus progenitores políticos.

Porque en el ADN de Leonardo Jácome (políticamente hablando) anida la ponzoña. Y uno puede, desde allí, establecer un árbol genealógico deleznable: Iván Clavijo que parió a William Villamizar que parió a Leonardo Jácome que parió un negocio rentable en la universidad: manejar el seguro estudiantil con fines políticos. Y de ahí el desprestigio.
Leonardo Jácome tuvo relevancia cuando en el 2008 a raíz de un paro estudiantil se hizo visible al lado de Mauricio Julio. Se levantaron, revoltosos, entre otros motivos, contra Dionisio Parada y contra el inconformismo frente al tercer periodo rectoral de Héctor Parra, el mismo año en que el Consejo Superior Universitario accedió al crédito de los 25 mil millones de pesos. Luego de eso a Jácome se le acabó la rebeldía y pasó de ser un líder estudiantil a un hombre que le lame la suela de los zapatos a Héctor Parra.

Es un lambe suelas, a pesar de su juventud: árbol que nació torcido. Pero creo que Jácome nació limpio (el hombre nace sano) y la rectoría lo corrompe. Y eso lo lleva a saltarse varios renglones jurídicos. Por ejemplo: si es profesor cátedra de la UFPS quiere decir que recibe dineros del Estado. Pero resulta que Jácome es Concejal en la misma jurisdicción en que es presidente del CSUE. Lo cual significa que su campaña política la financió con sus recursos y esos recursos se los da el Estado como catedrático. Está impedido. Alguien tiene que denunciar eso. Que esta columna sirva para que algún abogado lo ponga en consideración. Ahora, el hecho que decida la ordenación del gasto público en la UFPS lo inhabilita como Concejal. Por lo menos desde el punto de vista ético. Son más de 50 millones de pesos anuales que maneja el CSEU. El hombre maneja desde la cancelación de materias hasta la selección “comprometida” del seguro estudiantil.

Yo lo que creo, en estas elecciones a  la rectoría de la UFPS, es que el estudiante debe votar por un cambio absoluto y volver  a la academia. Porque el único desnudo que podemos permitir en la universidad es el de Leonardo Jácome cuando pierda la investidura.

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Sinfonía del asco

La semana pasada me encontré en un estanco de la ciudad con el viejo Bukowski. El viejo rabietas, maloliente, alcohólico, machista, dulce, que se rasca los sobacos en público, que se mete la mano en la boca y saca palabras procaces que lanza con el ímpetu de una pelota de béisbol. El viejo indecente que habla con crudeza de la hipócrita sociedad que lo margina pero que en secreto lee sus novelas con una sola mano en la soledad del inodoro. Bukowski, el maldito, el que se vomita sobre las camisas olorosas a naftalina de los académicos e intelectuales. El último de una estirpe que fundó el láudano de Poe.

Allí estaba, en un estanco del malecón, bebiendo una botella de vino, con las pupilas inyectadas de sangre y un perro muerto en la memoria. Escupe por un lado, maldice por el otro. Y lanza un eructo largo, sonoro, pestilente: un eructo que tiene una asquerosa mezcla de humo de cigarrillo y muelas podridas.

Me pregunta por mi columna del viernes. Le digo que lo estoy pensando, que no se me ocurre nada. Me agarra entonces por el cuello de la camisa y vocifera:


-¡Oye, cabrón! Si lo que escribes no brota de ti, a borbotones, ni lo intentes. Si la columna no sale como un rugido, mejor dedícate a otra cosa.


El viejo refunfuña como una cañería atascada. Está visiblemente molesto:

-Además –dice-, debe salirte desde las tripas. Si tienes que permanecer horas sentado mirando la pantalla del computador, o encorvado sobre la máquina de escribir, en busca de palabras, ni lo intentes. Hay que pelear, poeta. Recuerda a los perros viejos que pelearon antes que tú: Hemingway, Céline, Dostoievsky, Hamsun. Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas, entonces no estás listo: toma más cerveza y espera.


Entonces, espero. Y la noche se vuelve una inmensa alcantarilla que contiene todos los horrores y toda la belleza y toda la sangre de una mañana fresca. Trato de empotrar todo eso en una cuartilla y me sale una sinfonía del asco.


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¿Dónde está Claudia Ayola?

Claudia Ayola es una joven y brillante columnista cartagenera que, desde su espacio en diferentes medios de comunicación, no sólo reflexiona sobre sexualidad y género (habla de sexo anal, masturbación, lesbianismo, violencia sexual), sino que además fustiga a la clase política corrupta de su región.  La sociedad para la que Claudia escribe es una sociedad pacata, machista e hipócrita (como lo es la sociedad colombiana en general) que se escandaliza cuando se habla de sexo, matrimonio gay o de la relación entre cuerpo y poder, pero calla vergonzosamente cuando un hombre viola y golpea salvajemente a su esposa.

Claudia es la voz que le hacía falta al periodismo cartagenero. Una voz que denuncia los atropellos sexuales y políticos desde la altura moral de su discurso con la única arma que posee: una columna mordaz que hasta sus más feroces detractores no dejan de leer.
 

Dice Claudia: “mis columnas son de opinión. Puede haber gente que está de acuerdo o en  desacuerdo porque son temas controvertidos, que defienden causas, donde se habla de las minorías sexuales, de las mujeres víctimas de la violencia, de lo afro, de las mujeres desplazadas; todos los temas que cruzan por lo político, pero que tienen que ver con derechos”.

Claudia es atrevida, inteligente, provocadora, irónica y muy superior a muchos hombres que la rodean. Y eso, en una sociedad falócrata, es un pecado mortal. Por eso ha sido perseguida, vilipendiada, la han tratado de puta, la han escupido por escrito y hace poco recibió un mensaje intimidante: “me alegraría si usted sufriera por intermedio de algo que le pase a su hija”.

Todo esto a raíz de un enfrentamiento que desde hace unas semanas sostiene con el fiscal Demóstenes Camargo. En una columna Claudia denuncia al Fiscal por la forma como llevó el proceso contra el sociólogo Alfredo Correa de Andreis a quién él ordenó capturar  acusándolo falsamente de ser ideólogo de la guerrilla por lo que posteriormente fue asesinado. Claudia cita declaraciones de Fredy Muñoz (ex periodista de Telesur), condenado a 15 años de prisión por sus vínculos con las Farc en las que éste asegura que el fiscal Demóstenes tenía vínculos con paramilitares de los Montes de María.

Alfredo Correa de Andreis estuvo 27 días preso. El abogado que logró ponerlo en libertad dijo que “el Fiscal Demóstenes Camargo no puede poner en tela de juicio la inocencia de Correa de Andreis, pues fue la Fiscalía la que lo dejó libre al probarse que la investigación que esa institución montó, junto con el detective del DAS Javier Valle, era fraudulenta, con testimonios clonados”.

El enfrentamiento entre Claudia y el fiscal Demóstenes ha dejado como saldo una amenaza contra la columnista. Y una amenaza contra Claudia es un atentado directo contra la libertad de opinar. Para darse un respiro y por su propia seguridad Claudia tuvo que salir del país. Pero hace días no he vuelto a saber nada de ella ni he vuelto a leer sus columnas. ¿Dónde está Claudia Ayola?  

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Fotografía política


Lee uno la prensa y se encuentra cosas como la parapolítica, la narcopolítica, la yidispolítica, la corrupción administrativa, el fracaso estruendoso de la Seguridad Democrática, el surgimiento de nuevos grupos de autodefensas, alcaldes presos por alianzas con grupos paramilitares, militares destituidos por falsos positivos, políticos en fuga, políticos recién salidos de la cárcel acusados de asesinato pero ahora convertidos en virgencitas inmaculadas sin pecado concebidos, jóvenes asesinados, mujeres violadas, Mancuso dice que ayudó a Ramiro Suárez a llegar a la alcaldía de Cúcuta. Ramiro dice que no. Manuel Guillermo debe responder por la venta de un parque, Ramiro, Manuel Guillermo, Uribe, los muertos, las viudas, la política, la corrupción, el mundo, carajo, el mundo, todo patas arriba, la predicción de Orwell donde el mal es el bien y el bien es el mal. Y aumenta la inseguridad, el desempleo, el sicariato: todos los fines de semana asesinan en Cúcuta a seis o siete personas. Seis o siete muertos que se suman a la inmensa pila de cadáveres que se pudren en las narices de las autoridades. Ah, y las autoridades, que por ineptas han sido remplazadas por grupos armados que operan en el sur occidente de la ciudad, grupos que ordenan cerrar las puertas de las casas a las nueve de la noche, que publican panfletos con amenazas de muerte y que asesinan de manera selectiva a muchachos porque fuman marihuana, como si el tráfico de drogas no los financiara a ellos mismos. Vayan, señores políticos de la ciudad al barrio Belén, a Galán, a San José, a Gaitán, a Cundinamarca. ¿Alguno de ustedes señores concejales ha ido a Cundinamarca a cosa distinta de pedir votos? ¿Alguien conoce la avenida 19 del barrio San José? No lo creo. Porque ustedes sólo se preocupan por la ciudad cuando hay elecciones y cuando hay elecciones tratan al elector como si fuera una puta y le ofrecen dinero o electrodomésticos (como en la campaña que llevó a Ramiro Suárez a la alcaldía) a cambio de un voto.

Es vergonzoso todo esto. Nuestros políticos son depredadores: se lo comen todo. Desde hospitales y escuelas hasta el presupuesto municipal. ¿Alguien recuerda la nómina paralela de Manuel Guillermo? ¿El pase amigo de Ramiro? Viven paralelos a la ciudad y no son amigos de nadie. Por eso la ciudad vive en un espejismo. El centro de Cúcuta es una cosa y otra muy distinta Loma de Bolívar, por citar sólo un ejemplo.
Todo esto es producto de la corrupción. De la influencia narcoparamilitar en la política. Ya es hora de que investiguen a todos los concejales, alcaldes y gobernadores que ha tenido Norte de Santander. Esos asesinatos que quedan en la impunidad (la plata lo puede todo), esos estudiantes que salieron bajo amenazas de muerte. Esos dineros que financiaron campañas. En fin: esa manera uribista de hacer política.

Si reuniéramos a todos los políticos de Norte de Santander para tomarles una fotografía que ilustre una enciclopedia escolar, estoy seguro que lo que saldría en vez de rostros liberales, conservadores, partidos de la U, e.t.c, en vez de todo eso, digo, lo que saldría es la imagen de un nido de víboras comiéndose unos a otros, envenenándose con su propia ponzoña en un afán caníbal por conseguir un contrato.



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Entre Marx y Uribe


Tenemos una clase política corrupta, endogámica y masturbayista, que a lo largo de más de medio siglo ha parasitado para conservar sus privilegios, llevando al país a una pobreza insostenible y expansiva.


Renson Said


Dice el presidente Uribe que todos los males que suceden en el país (la guerra, el secuestro, los asesinatos selectivos) provienen de la guerrilla marxista colombiana. De ahí viene todo: la pobreza, los desplazados, en fin. No hace mucho había dicho que en Colombia no hay conflicto interno, porque no hay guerrilla, sino terrorismo. No hace mucho había dicho que el ex director de DAS, Jorge Noguera, quien está siendo investigado por sus supuestos vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo, “es un hombre incontaminado y buena persona”. El presidente Uribe acostumbra a decir muchas cosas pero todo lo que dice resulta ser siempre una completa estupidez.



Y la gente le cree porque habla fuerte y es muy mandoncito con los de aquí, pero muy enclenque y servil con el gobierno de los Estados Unidos con el que ha cultivado buenas relaciones personales. Uribe es amigo de Bush, pero el gobierno norteamericano no es amigo de Colombia. A Uribe lo reciben en la Casa Blanca, pero hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a los colombianos que viajan a los Estados Unidos.



Dice muchas cosas de manera irresponsable, este presidente mandoncito. ¿Que la guerrilla colombiana es marxista?: ja ja ja. No creo que tirofijo haya leído “Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro”, ni la “Tesis sobre Feuerbach”, donde Marx opone a la teoría del pensamiento abstracto de Feuerbach, el pensamiento práctico del materialismo. Lo que los materialistas dialécticos llaman “la práctica de la crítica” o la materialización de la teoría abstracta.



Pero entiendo que no hace falta leer a Marx para ser marxista. Hay gente que es uribista desde antes de que naciera Uribe. Lo que digo es que el marxismo no tiene nada que ver con la guerrilla colombiana. Como Hegel no tiene nada que ver con el paramilitarismo. Son las condiciones locales lo que ha determinado el curso de nuestra historia. Las monstruosidades cometidas por el establecimiento y sus distintos gobiernos a punta de fusil dieron origen a las monstruosidades cometidas a punta de fusil por la guerrilla, que a su vez dio origen a las monstruosidades cometidas a punta de fusil por el paramilitarismo, en una estructura circular de la serpiente que se muerde la cola.



Es justamente la represión política ejercida desde arriba contra los de abajo lo que nos ha llevado a la situación actual. Una clase política corrupta, endogámica y masturbayista, que a lo largo de más de medio siglo ha parasitado para conservar sus privilegios, llevando al país a una pobreza insostenible y expansiva. La guerrilla y el paramilitarismo son apenas un síntoma. La enfermedad es el uribismo en todas sus vertientes. Desde el uribismo criminal y pequeño burgués de Turbay Ayala, hasta el armado y agropecuario de Mancuso. Si hoy hay pobreza y violencia en todo el país no es por culpa de Marx, señor presidente. Es porque las condiciones creadas por políticos como usted hicieron posible la guerra.


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El campo y la guerra

Renson Said


Los colombianos tenemos la costumbre de cambiar el nombre de las cosas para cambiar la realidad. Y por eso es que la realidad no cambia, sino que nos arrasa. El narcotráfico, la delincuencia, el asesinato selectivo. Virgilio Barco decía que los tres mil muertos de la Unión Patriótica fueron responsabilidad de “fuerzas oscuras”, al margen de la ley. Pero el país entero sabía que eran paramilitares que actuaban en complicidad con los organismos de seguridad del Estado.

Ahora viene José Obdulio Gaviria a decir que aquí no hay conflicto interno sino terrorismo indiscriminado. Por eso es que la guerra no cesa. A una guerrilla campesina no se le puede dar el mismo trato político de un grupo terrorista. La guerrilla colombiana hunde sus raíces en el viejo conflicto de la propiedad agraria, un conflicto que no ha sido resuelto sino que se ha complicado con el cruce de balas de las partes implicadas. Es equivocado, entonces, comparar lo que no se puede comparar. Y aunque parezca una grosera reiteración, ese es el origen de nuestra miseria: de nuestra guerra. Hay que empezar por decir que las Farc no tienen el mismo origen ni la misma motivación de la ETA vasca, ni de los chechenos contra Rusia, ni del IRA irlandés, ni el de Al Qaeda afgano-saudí, ni mucho menos el de Hamás Libanés. Aquí todo comenzó (y aunque a muchos les parezca un mal chiste campesino) con el robo de unos marranos y unas aves de corral, como lo recordó Marulanda en el gobierno de Pastrana.

La guerra comenzó en el campo y se libra en el campo. ¿Dónde está Ingrid Betancourt? No está escondida en ningún apartamento al norte de Bogotá. Está en la selva, es decir, en el campo. ¿Dónde se cosecha la droga que alimenta la guerra campesina? En el campo. ¿Y quienes son los guerrilleros?: campesinos que tuvieron que armarse para defenderse de los abusos cometidos por otros campesinos que el ejército reclutaba para sus filas.


Una reforma agraria hubiera puesto fin a este conflicto. Pero en cambio, lo que se hizo fue reprimir a la fuerza las voces que desde el campo pedían eso que prometió López Michelsen y que nunca hizo: “cerrar la brecha”. La guerra se libra en el campo. Y esa guerra produjo como única opción posible de trabajo enfilarse en la guerrilla o en el paramilitarismo: dos grupos armados que se alimentan del único producto rentable que la guerra dejó en el campo: la coca.


El campesino que no esté en ninguna de estas dos organizaciones armadas está muerto o es un desplazado que roba y extorsiona en las ciudades para sobrevivir de alguna manera. Que ahora le llamen a eso terrorismo no es más que una distracción semántica para seguir matándonos. Por negar la historia es que estamos condenados a repetirla hasta el infinito.


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Defensa de la burla

Renson Said

Los colombianos estamos acostumbrados a resolver todos los problemas a pistoletazo limpio. Y resulta que los problemas no se resuelven sino que se complican. El asesinato como método para resolver las diferencias niega las conquistas del espíritu y los logros de la civilización. Niega de paso la posibilidad de disentir que es en últimas la plataforma de toda sociedad democrática.

Llevamos más de medio siglo matándonos por prejuicios políticos, morales y territoriales. Y resulta que la política está más podrida que hace cincuenta años. No tenemos en el Congreso un solo ejemplo moral. Y en cuanto a las tierras, pregunten ustedes quiénes son los dueños y verán que salen los mismos apellidos de siempre. El asesinato no ha resulto nada. Pero seguimos matándonos.

En Cúcuta se ha disparado (y aquí la expresión “disparar” es exacta) la criminalidad. Matan los delincuentes comunes, matan por robar un televisor, matan por razones pasionales (el cura Obeso, de que habla Beto Rodríguez en su último libro, asesinó de 14 puñalada a su joven amante en un arrebato de celos) y se mata por razones económicas. A nadie se le ha ocurrido que muchas veces el insulto verbal sirve de catarsis para no matarnos. El insulto y la burla, que fue precisamente la gran conquista de los filósofos de la Ilustración del siglo XVIII sobre el oscurantismo despótico del Antiguo Régimen hunde sus raíces en la antigüedad: Sócrates, que se burló de los dioses. Cristo que se burló de todos los representantes de la antigua ley. Marx que se burló del capitalismo tomando como base la burla de Luzbel contra el orden establecido y despótico de un Dios único. A esa burla (la de Luzbel) se le llamó Rebelión. Y la rebelión, como ustedes saben, es el comienzo de la historia.

El derecho a la burla y al insulto es una conquista de la civilización. Por eso es bueno que Chávez le diga a Uribe “cipayo del imperialismo” en vez de mandarlo a matar. Y Uribe diga: “si lo veo, le doy en la cara, marica”, a un funcionario de gobierno, que entre otras cosas, nunca le dio en la cara, porque esa es una expresión de catarsis. Y Pablo Chacón Medina dice que Chávez es un “vulgar imitador de Bolívar”, aunque luego diga otra cosa al ritmo cambiante de sus intereses personales. Yo he dicho que Camilo José Cela fue “un imbécil soplón de Franco”.


Y si no decimos estas cosas vamos a terminar matándonos todos en el último evento en que nos encontremos. Porque los insultos, las burlas y las palabras fuertes son una reacción natural del ser humano frente a la impotencia. Sería triste que Chacón Medina no pudiera decirme a gritos que yo soy un “resentido botafuego” Y que yo no pudiera responderle “resentido usted, poetica municipal”.


Si el lenguaje no nos libera un día de estos Chávez mata a Uribe, Chacón Mata a Chávez, yo mato a Chacón y la familia de Cela acaba conmigo. ¿Y qué sigue luego? Que nuestras familias se seguirán matando en memoria nuestra por los siglos de los siglos. Por eso es bueno que nos digamos las cosas en la cara. La burla, el insulto, siempre será un acto de la inteligencia contrario al lenguaje de las balas.

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Las formas del terrorismo

Renson Said

No creo que los guerrilleros de las Farc sean terroristas. Creo que son criminales. No tienen una motivación religiosa como el Al Qaeda afgano-saudí o el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate de Argelia. Sino que su motivación es campesina y elemental: piden tierras. Por eso insisten en el despeje de Florida y Pradera. La guerra de Manuel Marulanda no es una “guerra santa”, sino una guerra sucia. Su lenguaje no es coránico, del wahhabismo del siglo XVIII, como el de la Yihad islámica, sino que es miliciano de república bananera.


La guerrilla de las Farc no tiene un texto base, como el Corán. No se guían por el pequeño Libro rojo de Mao, ni por la Guerra de guerrillas, del Ché; ni por El Capital de Marx; ni por Revolución en la revolución, de Regis Debray. No leen la Biblia y ni siquiera se orientan por las editoriales de Plinio Apuleyo Mendoza: son moralmente analfabetas. Su única ideología es el poder económico que produce el poder militar. Marulanda no busca que occidente renuncie a una parte sustancial de los valores laicos, sino someter a la población colombiana a punta de fusil. Estos métodos (su método de guerra): el secuestro y la extorsión (calcados de los instrumentos que usa el Estado para desaparecer a las voces críticas), les ha hecho perder el espíritu de liberación que les dio origen y justificaba su existencia.


Hoy son una máquina de guerra salida de madre que se defiende así misma generando terror en la población y creando de paso un contra terror refractario: terror paramilitar que complica y profundiza la guerra. Por eso la guerrilla colombiana no es comunista, como dice el presidente Uribe, para desprestigiar al Polo Democrático. El comunismo (como su nombre lo indica) tiene que ver con la comunión de los santos, es decir, con la comunión de hombres y mujeres comprometidos con el desarrollo de una sociedad. Y en la guerrilla no hay santos. Tampoco en el gobierno. Es el demonio del poder el que sostiene el conflicto colombiano. Y hasta tanto no haya una expiación de culpas de parte y parte, no habrá esa paz por la que nos hemos estado matando desde hace medio siglo.


Porque el terror que usa la guerrilla es la respuesta al terror que han usado siempre los distintos gobiernos colombianos para imponer sus preferencias. Que el presidente Uribe llame terrorista a las Farc, metiendo en un solo saco un montón de cosas disímiles, es simplemente porque está en el poder. Si el presidente de la república fuera el Mono Jojoy, entonces, los terroristas serían otros: desde Carlos Holguín Sardi y Sergio Entrena, hasta José Obdulio Gaviria, Monseñor Martínez Frías y los 45 parlamentarios vinculados con la para política. Y todos los miembros del frente Álvaro Uribe Vélez. Es cuestión de punto de vista.

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Popper o Yagé

Renson Said

Esta semana vimos la noticia de un joven universitario de 19 años que murió por consumir Popper. Se trata de un nitrito de amilo, un potente vasodilatador que al entrar en contacto con el Sistema Nervioso Central relaja el músculo liso. Su abuso puede producir náuseas o agresividad. En todo caso, científicos aseguran que anula el cerebro. Y es la droga preferida de los jóvenes porque es un líquido incoloro e inodoro que deja pocas evidencias físicas comparado con la marihuana (que produce una placidez dulce), o la cocaína (que lleva al cuerpo a una hiperactividad a veces risible), o el éxtasis (que es el estallido de una euforia de seis horas ininterrumpidas). El Popper lleva consigo el riesgo de la sobredosis por su poder adictivo. Pero es igual de peligroso a cualquier droga sintética.

El pasado 22 de febrero una mujer de 42 años murió luego de consumir la sagrada bebida del yagé que le fue preparada por un médico indígena en un ritual de purificación. El consumo del yagé es una práctica sagrada y milenaria para las culturas indígenas ancestrales de los pueblos originarios de las selvas sudamericanas, y se ha extendido a la cultura occidental muchas veces sin respetar su naturaleza. La preparación del yagé es algo dispendioso que sólo lo puede hacer un taita con experiencia. Hay que cosechar la planta lejos de la contaminación humana. Con ella se prepara la purga (un brebaje cocinado por más de diez horas y mezclado con hojas de chacruna) que tiene propiedades psicotrópicas. Produce un estado de conciencia muy lúcido que, dependiendo del estado emocional de la persona, puede llevarlo a experiencias espirituales: viajes a otras esferas de la conciencia. El yagé se bebe acompañado de un ritual con danzas y cantos tradicionales. No es una droga, sino una bebida sagrada.

En Bogotá hay sitios que ofrecen rituales de yagé, pero en realidad son avivatos que ofrecen una sustancia conocida vulgarmente como “borrachera”, que es la misma escopolamina y que en dosis muy altas produce convulsiones, depresión severa, coma y la muerte. Eso, probablemente, fue lo que bebió la señora de que hablábamos más arriba. Un emplasto que suprime la voluntad y produce pérdida de la memoria.

Dijimos que el Popper produce agresividad y anula el cerebro. Y el falso yagé hace perder la memoria. Es importante tener esto en cuenta porque recuerdo que el presidente Uribe grita en los micrófonos que las ONG son grupos terroristas (agresividad), que hay que firmar el TLC (anulación total del cerebro) y que en Colombia no hay conflicto armado (pérdida de la memoria). Yo no sé si el presidente Uribe está metiendo Popper o escopolamina, pero el daño no se lo hace a él mismo, sino al país. El siquiatra Luis Carlos Restrepo, que es un experto en drogas, sabe muy bien que cuando un paciente comienza a hablar en abstracto, es porque el daño en el cerebro es irreversible.

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1978

Renson Said

El presidente Álvaro Uribe es un genio. Ha desbaratado el país sin que nadie se de cuenta. No ha tenido logros en ningún campo y la prensa habla de lo contrario: no ha habido logros ni en lo político, ni en lo económico, ni en lo moral. Sesenta parlamentarios uribistas están presos por vínculos con bandas narcoparamilitares. Varios ministros, hombres de confianza y miembros de su familia son investigados por los altos tribunales por diversos delitos.


Lo que se llaman logros logros, no lo han sido desde el punto de vista diplomático, moral e incluso decente. Un comandante guerrillero a quien se le premia por asesinar y cortarle la mano a su superior. La liberación de unos secuestrados usando emblemas de la Cruz Roja. La imposición en Colombia de las recompensas al estilo norteamericano que corroe el nervio moral de la sociedad y convierte al país en 40 millones de sapos. La gente no delata por simple ciudadanía sino por la plata: el dinero fácil que tanto critica el presidente por estos días a raíz del escándalo de las pirámides es lo que él estimula con el método de las recompensas.

En lo económico, creció el sub empleo y Colombia sigue por debajo de los países vecinos. La violencia en el campo aumentó y creció el número de campesinos desplazados. Todas las organizaciones de la derecha armada agropecuaria y uribista siguen vigentes, como sigue vigente la guerrilla porque su base económica, que es el narcotráfico, sigue intacta. Los unos echan plomo porque según ellos, combaten a un estado criminal y de derecha. Y los otros porque combaten a una guerrilla criminal y de izquierda.

Pero dónde realmente se ve que Uribe es un genio es en haber podido devolver el país a 1978, al gobierno de Turbay Ayala. El Estatuto de Seguridad de Turbay es la política de Seguridad Democrática de Uribe. Los jóvenes asesinados por los militares en el gobierno de Uribe son los mismos que torturaban y asesinaban en las caballerizas de Usaquén cuando Turbay. Uribe niega la realidad (“Aquí no hay conflicto interno”), como lo hacía Turbay (“Aquí no hay presos políticos, el único era yo que no había podido salir de Palacio en 10 meses”). Decía Turbay que los presos en las cárceles de Colombia se auto torturaban para desprestigiar a su gobierno. Uribe dice que los manifestantes en las marchas de protesta se disparan ellos mismos para echarle la culpa a la fuerza pública. Uribe es un hijo de Turbay que desde 1978 está gobernando a Colombia. No es casual que Turbay haya nombrado a Uribe en la Aeronáutica Civil y que el contralor de la república, en el gobierno de Uribe, se llame Julio César Turbay, hijo del otro, hermano de éste. Por eso digo que estamos hundidos en un hueco de 1978.

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Un hedor recorre el mundo

Renson Said

El presidente de la república destituye a 27 militares acusados de asesinar civiles y presentarlos como guerrilleros de las Farc muertos en combate. Destituyen tres generales. Caen cuatro coroneles. Retiran a media doce de suboficiales y varios tenientes coroneles y soldados de menor rango. No cae el Ministro Defensa a quien le cabe toda la responsabilidad política en estos crímenes. Y el presidente de la república en un cinismo vergonzoso dice que los falsos positivos de Soacha fue una patraña de terroristas que tenían como objetito “eclipsar” los logros de las Fuerzas Militares en su lucha contra las Farc. Pero lo cierto es (y todo el mundo lo sabe) que el ejercito reclutaba jóvenes en Soacha, Toluviejo y en Cimitarra para luego asesinarlos, vestirlos de camuflaje y presentarlos al país como muertos en combate.

Es repugnante todo esto, pero no es nuevo. Las Fuerzas Militares llevan décadas realizando ejecuciones extrajudiciales con la complicidad de los gobiernos de turno. Todavía están frescos los cadáveres de las caballerizas de Usaquén durante el gobierno de Turbay Ayala; los muertos de la cafetería del Palacio de Justicia, en el gobierno de Betancur; los tres mil muertos de la Unión Patriótica, en el gobierno de Barco; los muertos de las autodefensas en gobierno de Gaviria; los muertos del narcogobierno, cuando Samper; los sindicalistas muertos cuando Pastrana. Pero todos esos muertos juntos no alcanzan a ser ni siquiera una tercera parte de los asesinados por balas militares en el gobierno de Uribe Vélez.

Por eso es muy difícil creer que son unas cuantas “manzanas podridas” que empañan la institución. Yo creo que son las Fuerzas Militares en su conjunto lo que está podrido desde hace décadas y su hedor ya llega hasta las narices de los demócratas norteamericanos que se niegan a firmar el TLC con Colombia hasta que Uribe resuelva el problema de las violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Ahora el presidente Uribe nombra al general Oscar Peña González comandante del Ejército Nacional y hay que ver el cinismo con que habla de derechos humanos. Cuando el general Peña González comandaba la IV Brigada y la Séptima división, ambas con sede en Medellín (del 2003 al 2006), se registró el mayor número de muertes extrajudiciales, retenciones y desapariciones forzadas, según investigaciones de organizaciones no gubernamentales de derechos humanos. Tal parece, viendo uno la historia, que para ser general de la república es indispensable tener algunos muertos encima. Y este general apesta. Su hedor ya llegó a Washington.

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