A DENTELLADAS

Posted: viernes, 20 de diciembre de 2013 by Isaias Romero P. in
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 Columna Via Libre

“Vamos a construir 20 mil viviendas para gente que vive arrimada, con arcilla de nuestra tierra, y bloque, esta es mi propuesta, y si no cumplo la gente puede derogar mi mandato” Donamaris Ramírez Lobo.  (A Caracol Radio, septiembre 4 de 2012).

Pero resulta que no cumplió. Y tocará ahora derogar su mandato 20 mil veces, porque 20 mil veces escupió sobre el rostro de la gente pobre de Cúcuta. 20 mil veces se burló de los cucuteños y 20 mil veces le mintió a la ciudad, al país, a sus electores y a su Dios confesor. Donamaris pertenece a  esa estirpe de político que logra sus objetivos dando codazos, metiendo zancadilla, enredando documentos, diciendo medias verdades, haciendo alianzas con Satirio o con el diablo, es lo mismo; comprando concejales y echando dentelladas a todo lo que se le atraviese. Por eso es que mucha gente ya no visita la alcaldía de Cúcuta, porque saben que por allá muerden mucho.


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Pero no es el único. A Cúcuta se la han ido comiendo a dentelladas los distintos gobiernos de turno. El mordisco de Manuel Guillermo Mora fue largo (y su nómina paralela) fue tan grande que casi se traga entera la ciudad: se comió parques, árboles, avenidas, calles, en fin, dejó la ciudad convertida en un inmenso montículo de estiércol. Y con la plata acumulada se fue hacer una especialización (intensisísísísímaaaa de tres días a Japón). Debe hablar y pensar en japonés porque nunca entendió nada de las necesidades de los cucuteños.  Y  así de para atrás y para adelante.

Cúcuta es una presa suculenta que se la pelean por igual paramilitares, políticos, empresarios, narcotraficantes, delincuencia común, líderes espirituales y extranjeros. Se la han comido en rebanadas, de a poquito, que alcance para todos –o sea, para la clase política endogámica o bastarda que se engulle la ciudad y luego la expulsa por su tubo digestivo- pero no les alcanza: la avidez del político cucuteño es tan amplia como un agujero negro. Y cuando no logran comerse todo el plato rebosante de sopa burocrática, entonces vende las sobras.

Vendieron Centrales Eléctricas, Aguas Kapital, los parques de la ciudad. Quebraron la Lotería de Cúcuta y  la licorera de Norte de Santander. Destruyeron el Bosque Popular y ahora van por el Club Tenis. No vendieron el Incunable porque alguien le dijo al alcalde de la época que es de mala educación comerse todo y no dejar migajas en el plato.

Y Donamaris se está comiendo todo lo que quedó en la mesa. Y come rápido, este señor, y se atraganta, porque sabe que estamos en elecciones y pronto llegarán más comensales: Pedro Durán, Blanca Cruz, Hernando Ross, Javier Prieto.  ¿Habrá comida para todos? Tiene que haberla, porque si no terminarán comiéndose entre ellos mismos en una especie de “politiantropofagia” que celebraríamos con orgullo: que se den muela entre ellos y dejen que la ciudad se recupere.

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